lunes, 31 de marzo de 2014

Dos hechos reales.

Una vez, me "postule" para un puesto de trabajo que consistía en tres entrevistas, ya hablé de ese proceso selectivo, lo llamé: "guerra por desgaste" o algo así. Consistía en tres entrevistas y luego, te revisaban las referencias, pues no olvidaré una de aquellas entrevistas en la que me empezaron a hacer preguntas sobre la inestabilidad laboral a la que me he visto sujeta siempre. Yo estuve a punto de decirle que no soy culpable de esa inestabilidad, sino víctima de la misma. Uno de mis trabajos lo perdí por qué bajó la cantidad de trabajo, y nos fuímos los últimos que habíamos entrado, se lo conté, y me dice: "bueno, pero eso es una injusticia, pues lo normal es que hubieran salido los que peor lo hacían" y me quedé de una pieza, con ganas de decir: "oíga, que yo he venido a una entrevista, no a cuestionar el sistema" y es que creo que estaba mirando a ver si yo perdía los nervios en algún momento, por qué si no, las preguntas que hacían no las acabé de entender. El caso es que se detuvo la mujer en ese punto en hacerme sentir como una pobre víctima del sistema, que por lo menos esta no me estuvo incordiando sobre que la segunda carrera que estudié, tardé mucho. Eso me pasó hace mucho, que la entrevistadora no paraba en incidir en que repetí curso, y yo, no paraba de intentar hacerla entender que ya tenía una carrera, y la segunda la hice mientras trabajaba y que mi prioridad era el trabajo, así que si un día estaba muy cansada, pues ni iba a clase. No me dieron el trabajo, claro, estaba todo el rato mordiéndome la lengua para no gritarle a la cara: "mire, tarde mucho en hacer la segunda carrera por que no me importaba sacarla o no" Bueno, hasta aquí dos hechos reales, que me daba no sé qué no poner entrada esta semana.

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